Un concurso de fotografía evaluaba imágenes creadas con inteligencia artificial (IA). Solo se permitían imágenes generadas por ese medio. Una de las ganadoras fue una representación surrealista: algo que parecía un flamenco rosa enroscado como una bola de plumas, sobre un paisaje arenoso.
De todos los presidentes de Estados Unidos, Jimmy Carter fue el que tuvo el matrimonio más largo: 77 años. Cuando le preguntaron el secreto de su largo y exitoso matrimonio, respondió: «Elegir a la persona adecuada para casarse». Además, mencionó otros tres conceptos para el éxito matrimonial: reconciliación, comunicación y devoción a la fe.
Un jueves, en el anexo de la iglesia, había sándwiches y rodajas de sandía esperando ser consumidos por los familiares y amigos del difunto sentados en sillas plegables de metal colocadas sobre una alfombra manchada. Fue un funeral perfectamente normal, excepto por el predicador. Era un conocido orador que ha predicado ante estadios llenos de miles de personas. Ahora hablaba con el mismo entusiasmo en esta reunión un día de semana.
En el restaurante poco iluminado, la camarera tomó nuestro pedido con expresión solemne. Pero luego, un cliente le regaló un bolígrafo con una pequeña linterna incorporada. Le dijo que era para que pudiera «ver en la oscuridad».
Como fotógrafo de paisajes, me atraen las fotos que encuentro en Internet. Hace poco, me topé con «10 de los lugares más impresionantes de EE. UU.». Una foto de un manantial geotérmico muestra una enorme cuenca de luminiscencia multicolor. Una instantánea de la selva tropical de Hoh muestra un bosque que parece sacado directamente de El Hobbit. Una impresionante fotografía tomada en Monument Valley, Arizona, podría ser una panorámica de Marte.
Todo el verano, los niños de la casa detrás de la nuestra pasaban horas columpiándose en su hamaca. Su ruidosa hamaca. Quejándome, le pregunté a mi marido por qué sus padres no engrasaban el columpio. Sin embargo, al orar al respecto, noté un cambio en mi corazón. Pude ver la risa y el gozo de los niños que surgen de la confianza que hallan en el patio de su familia, y de tener a padres cercanos a los que pueden llamar.
«Qué crueldad que es faltar a la verdad», escribió en una ocasión Meister Eckhart en un poema que contrasta las relaciones construidas sobre la confianza con las dañadas por la mentira. Describió las palabras sinceras y amorosas como «especias maravillosas mezcladas en el día a día». Pero las mentiras son como terremotos en la mente y veneno para el alma: «Se crea un caos en la mente que ya no puede confiar en alguien que una vez amó. […] la persona que no puede decir la verdad esparce una plaga».
Según investigaciones, la Generación Z puede detectar un falso cumplido a más de un kilómetro de distancia. Los miembros de esa generación valoran algo más profundo: el respeto genuino y la sinceridad. No buscan que los halaguen; quieren que alguien crea en ellos. Cuando se les dice la verdad, se sienten respetados, tomados en serio y desafiados a crecer. Es probable que esto sea cierto para la mayoría de nosotros.
El padre de Benjamín estaba muriendo de cáncer. Deseoso de ayudar, Benjamín lo llevó a vivir con él. A su padre le encantaban los trópicos, pero ya no podía viajar, así que Benjamín se puso creativo: diseñó un estanque detrás de su casa, lo llenó de peces e instaló una cascada. Transportó tres cargas de arena de playa, añadió plátanos, luces y antorchas tiki, y armó un toldo para dar sombra. Su padre pasó sus últimos días disfrutando de una isla paradisíaca en su propio patio.
Una tarde de abril, millones de personas se reunieron a lo largo del gráfico de un arco que cruzaba México y Estados Unidos para presenciar un eclipse total de sol. Mientras los equipos de televisión documentaban la cuenta regresiva hacia la «totalidad», la multitud enmudeció salvo por una frase repetida: «¡Dios mío!».